Adiscagua

Mis poesias

Por Sergio Pascual García.

Niña, me decías, niña me llamabas, niña de ojos bonitos y piel acaramelada. Niña de dulce sonrisa, niña de aliento templado, niña de boca inocente que me hace regresar al pasado, hasta permanecer agarrados y quedar atrapados en el fuego candente de tus dientes, en primavera, en un amanecer rojo como una amapola frente a un mar de olas rugiendo en la orilla de tus mejillas, acariciándome lentamente, sin prisas.

Mira, no me insultes, vete al infierno, y si vuelves, que sea para redimirte entre mis brazos. Dime que me quieres, pero con dulzura, no te alteres, escucha los latidos de mi corazón. Ahonda en mi interior, abrázame con amor y siente mi ternura. De lo contrario, vete para no volver, pero seguro que en la lejanía pensarás en mi más de una noche y un día.

Me miras, y te escribo una canción, me dices tu nombre, y te regalo una poesía me insinúas un te quiero, y te regalo mi amor más sincero. Me das una rosa, y te acaricio suavemente como una liviana mariposa me das un beso, y ardo en deseos.

En noches de esperanza, alegría y bonanza, deja tu bendición en un hueco en mi corazón, y llena mis ojos de lágrimas divinas, en este día triste, gris, tomándonos un café asomando en tu ventana, con el piar de una golondrina en una tarde intensa de lluvia muy fina.

Amor, cada mañana sentado en el borde de tu ventana, veo amanecer un nuevo día de primavera, iluminándote entera de arriba abajo me pareces un brillante, siempre tan elegante, con tus ojos como diamantes, alumbrando mi vida a cada instante.

Arrójame al olvido, llena tus ojos de lágrimas por mi, hazme un nudo en la garganta o, vierte la miel de tus labios por mi cuerpo, y cada noche te esperaré en mis sueños. Despiértame en mi cama, acaríciame la cara y dame un beso en los labios, al amanecer con el trinar de los pájaros.

Querido yo, mi yo interior, el amigo inseparable y capaz de amarme, porque mi mente, sin ti se arrepiente y me pierdo en mi mundo interior. Mundo, fiel reflejo del hoy, pero, también del mañana. Futuro, incierto, pero, adoro tú desaliento. Presente, el que hoy vive en mi mente y agradece a mi cordura que el poder vivir hoy de verdad no es una locura.

Fue un día, perdón, una tarde oscura de un frío invierno en la qué decidí sentarme en mi silla al lado de mi ventana junto a los acordes de mi guitarra.

Aquella fría melodía sonaba, en aquel viejo piano abandonado en el sótano de mis lamentos fruto del soplo del viento intenso.

La madrugada caía, mientras yo me perdía bajo la luna llena y el clamor de los instrumentos ataviados por la partitura, que en mi cabeza me agotaban hasta la más triste cordura.

Fuerte es el tiempo, duros son los días, y eterna la juventud, que mi vida da por pérdida.

Historias recuerdo, también las escribo, jamás las olvido, y con un verdadero adiós yo termino.

Espejo fiel, vacío de mis adentros, acaba con el miedo y no ardas por tanto sufrimiento.

Dice que piensas, pero, con tú ser me acaloras, abandona el amor que de mí te enamora.

Viejos son los días, largos son los años, no te separes de mí y así no sufro tanto daño.

Sólo queda mí espejo, en el que se ilumina tú reflejo, la sombra de mi cuerpo despierta en tus ojos la luz, que añoras con todo tú antojo.

Jamás me olvides, piensa en el universo, verás que me voy, pero, no te olvides de lo que pienso.

Mi barco zarpa, el agua zozobra, las olas engullen nuestra pasión de amapola.

Olvidar, es vivir.

Perdonar, es amar.

La vida, tierna es y te espero en mí isla hasta el siguiente amanecer.

La huida, la única existencia del tiempo, también de tus lamentos.

La amargura, el remordimiento del ser humano y el miedo de perderte de antemano.

La soledad, el terror del amor, el valor de pedir perdón y el temblor de la pasión.

La brevedad, el seno de ser tierno para dejarte sin aliento.

La compañía, el placer de sentir la vida viendo a tus ojos llenos de alegría.

La poesía, el dulce final de despedir mi día escribiendo estos versos a los que despido con amables besos.

Me dibujabas en la distancia, pero, aquel órdago iluminaba a lo lejos finos sollozos de tu juventud en lo más profundo de mi gozo.

Los días pasaban y nunca dejabas de pensar en mí a cada sonido de las agujas de ese viejo reloj con el placer de que jamás quiero dejar de oír tu voz.

Afinando los acordes de mi melodía me narrabas una tierna canción bajo la fogata de mi chimenea y la marea de un oscuro amor.

Cogiste la guitarra, subiste a mi habitación, la puerta entreabierta y yo oliendo tu aroma, ordenando el tiempo que me hizo perderte a las dos.

Asomaste tu ternura, mi piel se erizaba, y tus notas en mi ser acariciaban.

Frotaste tus manos por debajo de mi cintura y tus dedos me hacían llegar hasta la más brutal locura.

Agarrados bajamos las escaleras, te despides y no imaginas cómo me alteras.

Al día siguiente volverás me dijiste, no obstante, a cada segundo deja de estar triste.

Viajo lejos, no me perderás, no dejes de escribirme que sino conmigo nunca podrás estar.

Asómate a la puerta, mira las estrellas, se ilumina el cielo sabiendo que eres la más bella.

Adiós, volveré, yo me perderé hasta siempre sin olvidarte ningún mes.

Escribo, acotando tu razón.

Susurro sin perder la tentación.

Recito, sin perder la comunicación.

Pienso y te deslumbras en la penumbra, narro y apareces bajo el sol, duermo y despierto con temblor.

Camino, bajo los sollozos de tu eco perseguidos por tu sombra a ras de mi alfombra en lo profundo de mi portal donde nunca me encontrarás.

Libre viajo por el tiempo ausente y fugitivo del miedo que llevo dentro.

Corriendo terminaré, en mi puente acabaré y las olas atraparé.

Letras escritas, palabras infinitas, versos amables y los finalizo con lágrimas y con mis vocales.

El viento sopla inerte por encima del océano en una mañana fría de invierno.

La lluvia arrecia en mi ventana, fortuita y con dureza, seguro de que mi mirada atraviesa.

El sol reluce en penumbra en un amanecer diario, reduciendo los días en mi calendario.

La noche cae bajo las estrellas, luna eterna, fiel reflejo de tú brillo en mi espejo, que con tu haz de luz llega hasta mi universo.

Fiel mundo, divina esperanza, arranca de mis manos estos versos que escribo y en pocos días retomamos todo lo perdido.

Acabo poniendo fin a esta poesía, asegurando que mi mente es consciente, sentado en mi sillón, junto a mi chimenea en un rinconcito de mi salón.

Hoy día 2 de diciembre, tú alma decidió marchar al cielo.

Se cumplen tres años de tú fallecimiento, abuelita y ninguna noche dejas de estar en mis pensamientos.

Aquí estamos todos bien, pero, seguro, que tú hijo, mi papá y los titos se acuerdan con mucho cariño de ti.

Espero qué tú también estés feliz ahí en el cielo, con abuelito que también decidió partir hace ya más de un año por el mes de abril.

En este día, no dejo de mirar al cielo, las lágrimas sacuden mis mejillas y los recuerdos ahondan en mi interior.

Miro al cielo y veo tu rostro, cierro los ojos y estás a mi lado dándome un beso, amanece y nunca dejas de cuidarme y así todos y cada uno de los días de mi vida, desde ahí arriba, desde el cielo con todo el amor que cómo nieto por mí tenías.

Desde aquí, abuelita, muchos y enormes abrazos, cómo a ti te gustaban, a qué sí.

Yo estoy bien, luchando día a día tal y cómo tú conocías.

Siempre eterna en mí corazón, recuerdos y pensamientos.

¡¡¡Te quiero mucho!!!

Por siempre eterna abuelita de tú nieto, Sergio.

Sigue descansando en paz.

Imaginaba, que aquel sonido de ese profundo sótano sería la onomatopeya de tus lamentos básicos y eternos de tu sufrimiento.

Recíproco es saber que el miedo que nos tenemos atemoriza mis remordimientos hasta profundizar en los más macabros pensamientos.

La noche me critica, la luna me ilumina y tu rencor en odio termina.

Fiebre tengo, locura quiero, pero, utilizo este escrito para perderte en el tiempo.

Mañana amanecerá y en mi sombra te perderás.

Luego atardece y me nombrarás mil y una veces.

Y por último la oscuridad, que es un horror y te hará de temblar.

Tú sonrisa me provoca la soltura con la que me nombras con tu profunda boca.

El latido de tu corazón me hace sonreír hasta verte feliz sabiendo lo bello que es vivir.

En barco partimos navegando las olas hasta una isla desierta que avive el amor por tu silueta perfecta.

Al bajar te pierdes asegurando que los dos nos encontramos como el marchitar de una bonita flor.

La historia desaparece, el temor no envejece, y ataviados estos versos finalizo mis argumentos.

Ayer, martes, 28 de septiembre se inauguró la » Ludoteca Inclusiva» con mucha ilusión, alegría, esfuerzo, dedicación y una tierna pasión.

Un lugar mágico, precioso donde adentrarse, único, agradable, fabuloso, bondadoso, en el que niños/as y familiares podrán disfrutar con juegos y emociones en todos y cada uno de sus corazones.

Inclusiva, por la integración, el respeto, el trabajo dedicado con el alma de esas personas que han remado fieles para construir un proyecto con enorme esplendor.

Ludoteca, agudiza mis sentimientos y eres creada con todo el amor que en ti hemos puesto.

Bella eres, divertida serás y la gente que acuda a ella con una enorme sonrisa saldrá.

Espero que seas un largo y bonito proyecto, que perdures en el tiempo, que la diversión no se agote y el entretenimiento jamás se convierta en aburrimiento.

Tus puertas abriste y en cada uno de nuestros ojos iluminaste emoción con todo tu antojo.

Un proyecto de ojalá mucho tiempo y que viajemos en él al igual que si estuviéramos dentro de un cuento.

La luna hizo que el fiel reflejo de tu mirada se iluminase en mi espejo en la negra noche.

Ardo en deseos de conocerte, que tu sonrisa blanca de marfil y tu dulce boca pronuncien mi nombre.

Las miradas se cruzan a cada paso que doy, nuestras almas se pronuncian y mientras yo me pregunto: ¿Te gustaré?

Tierna espero tu respuesta esperando a que mis ojos se iluminen de tu ser y con tu sonrisa hasta el amanecer.

Con estos versos te escribo, con amor vivo y un hasta pronto te digo.

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